Cambio de era, cambio de ciclo, cambio de época…hay muchas maneras de referirse al lapso de tiempo que estamos viviendo actualmente y que los historiadores del futuro se encargarán de establecer cuándo se inició y cuándo concluyó exactamente, además de nominarle para la historia.
"Vientos de transformación social" - Mikel Barturen Nuño
Lo que es incuestionable es que vivimos una concatenación -por no decir conjunción- de crisis en los últimos tiempos (climática, ecológica, demográfica, económica, geopolítica, pandémica, social y de valores) que ya se califica de una crisis civilizatoria, o lo que nos es más próximo, del modelo civilizatorio de la modernidad occidental capitalista.
Una época esta que nos ha tocado vivir de gran incertidumbre, propicia para cultivar la angustia, la ansiedad, el miedo y la parálisis, o, el escapismo en sus más diversas formas. Mecanismos de defensa poco efectivos y nada recomendables para la búsqueda de soluciones.
Esta es una crisis global, que necesita de una acción global concertada para responder a los grandes desafíos que tiene la humanidad. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y la Agenda 2030 de Naciones Unidas plantean un plan de acción en favor de las personas, el planeta y la prosperidad.
Euskadi, también Bizkaia, hemos hecho nuestro “el inquebrantable compromiso de cumplir esta Agenda y utilizarla al máximo para transformar nuestro mundo en un lugar mejor de aquí a 2030”, como reza en la resolución aprobada en la sede de la ONU en 2015. Y la clave está, a mi modo de ver, en el compromiso colectivo con una transformación social y económica profunda.
En la Agenda Euskadi Basque Country 2030 se señala que “las sociedades más prósperas son las más integradas y cohesionadas, aquellas que comparten un contrato social de principios, valores y prioridades básicos. En la actual encrucijada global esta es una necesidad aún mayor. La Agenda 2030, al igual que para una cultura de paz lo han sido los derechos humanos, es una referencia universal para un mundo sostenible y solidario. Es una oportunidad para renovar nuestro contrato social”. Un contrato social de sustrato ético, entendido como una proyección, ampliamente compartida, de principios, valores y retos que sea útil al objetivo de superación del actual contexto de alta dificultad.
Todos y todas estamos de acuerdo en que acometer un cambio de tal magnitud no es posible únicamente desde las instituciones públicas. El papel de la sociedad civil organizada (y no organizada) es crucial. Enfrentar una empresa tan colosal requiere de la participación y la corresponsabilidad de la sociedad.
El asociacionismo vizcaíno, a grandes rasgos, se sustenta en valores como la cooperación y la solidaridad, en el compromiso colectivo para trascender a lo particular, en la voluntaria y libre determinación de buscar respuestas a necesidades inadvertidas o no satisfechas.
La agenda 2030 plantea metas desde una necesidad universal. Metas que, teniendo una mirada local, aporten soluciones a problemáticas globales, sean transferibles al ámbito internacional, o, desde su implementación en nuestra agenda local, provoquen cambios positivos en las personas y el bienestar del planeta en otras latitudes.
Bizkaia, su gente, se ha destacado históricamente por su acción comunitaria, por su implicación social o sustrato solidario en distintos contextos de trasformación socioeconómica, política y cultural. En las postrimerías del siglo XIX, contemporáneo a la germinación del sentimiento nacional vasco y de una revolución industrial autóctona, en la que nacen empresas emblemáticas mineras, metalúrgicas y navales, que decaen en la crisis del último cuarto de siglo XX para poner a prueba la resiliencia y capacidad de reinventarse del territorio, nace un combativo movimiento obrero ávido de justicia social. En un entorno fértil para la acción solidaria, décadas después, surgen las asociaciones vecinales durante la transición política, el movimiento ecologista y antinuclear, el auzolan durante las trágicas inundaciones de 1983, el incontenible movimiento antimilitarista, la secular acción solidaria internacional, una red de organizaciones de iniciativa social vigorosa, y más cerca, en este siglo, la implicación comunitaria con los colectivos más vulnerables durante la pandemia. Por repasar algunas.
Tenemos el enorme impulso de nuestra historia para proyectarnos al futuro. Pero necesitaremos torrentes de organización y cohesión social más poderosos que los descritos, pienso, para enfrentar el inconmensurable desafío que tenemos por delante, ineludiblemente necesitado de renuncias a lo superfluo (nivel de vida), para abrazar lo verdaderamente auténtico (calidad de vida).
Mikel Barturen Nuño
Coordinador de Sareen Sarea