La ciudadanía activa va más allá del voluntariado

Desde BizkaiaGara queremos reivindicar un ecosistema de participación cada vez más dinámico, en el que ciudadanía, entidades y proyectos tejen alianzas, generan conocimiento intergeneracional e impulsan prácticas de innovación social que fortalecen la justicia social y la cohesión comunitaria.

Ciudadanía activa

En Euskadi, alrededor del 15% de la población participa de una forma u otra en actividades solidarias; y lo hace desde realidades muy diversas: juventud que busca nuevas formas de implicarse, personas mayores con una longevidad activa, quienes han llegado de otros orígenes y quieren vincularse al territorio, quienes encuentran en la cultura, el deporte, el euskera o el cuidado un espacio donde aportar.

Esta pluralidad configura un ecosistema de participación cada vez más dinámico, en el que ciudadanía, entidades y proyectos tejen alianzas, generan conocimiento intergeneracional e impulsan prácticas de innovación social que fortalecen la justicia social y la cohesión comunitaria.

La participación avanza además en sintonía con un contexto europeo que también está en transformación. La nueva Estrategia Europea de Sociedad Civil, aprobada en noviembre, subraya que la colaboración entre instituciones y ciudadanía es clave para diseñar políticas más inclusivas, representativas y basadas en evidencia. Y aporta un dato revelador: solo una de cada tres personas europeas sabe realmente qué hacen las organizaciones de la sociedad civil en su país. El reto de comunicar mejor, de visibilizar y de abrir nuevas vías de participación sigue siendo, por tanto, urgente y necesario.

Además, el próximo 2026 será el Año Internacional del Voluntariado Sostenible, y desde BizkaiaGara tenemos una oportunidad extraordinaria para posicionar a Bizkaia como referente en modelos de participación innovadores, accesibles y coherentes con los retos ambientales, socioeconómicos y digitales del momento.

En este punto del camino, como vimos en el informe de Alfons Cornellá realizado para BBK nos enfrentamos a varios desafíos clave:

• Cambio demográfico: convivimos generaciones con motivaciones, ritmos y expectativas distintas. Necesitamos construir puentes, caminos compartidos y espacios de co-creación donde todas ellas encuentren valor y propósito.

• Cambio ideológico: cada vez más personas se preguntan cuál es su papel en el territorio, cómo conectar su propósito con un proyecto colectivo. Esto exige liderazgo, adaptación y un reconocimiento más visible de quienes impulsan transformaciones reales.

• Digitalización: necesitamos herramientas capaces de facilitar un voluntariado más flexible, inmediato y personalizado… sin dejar a nadie atrás.

• Mejor gobernanza en las entidades: más eficiencia en los recursos, adopción tecnológica y medición de impacto que nos permitan atraer financiación y acreditar el valor social generado.

• Participación ambiental: el medioambiente emerge como un motor de activación social, un espacio que moviliza, une y sensibiliza.

• Empresa como agente transformador: las alianzas intersectoriales ya no son una opción; son una necesidad para abordar retos sociales, económicos y ambientales.

• Cohesión territorial y comunicación: la participación debe llegar también a la periferia. Y debemos contar mejor lo que hacemos, porque no se puede amar lo que no se conoce, ni defender lo que no se ama.

Con estos retos sobre la mesa, conviene recordar que la participación no es un gesto aislado, sino una manera de estar en el mundo. El voluntariado, tan diverso como la propia sociedad, se ha convertido en un termómetro de nuestro compromiso colectivo: allí donde alguien decide dedicar tiempo o conocimiento, algo se mueve.

Hoy, más que nunca, el reto es facilitar que esa implicación sea posible. Abrir puertas, explicar mejor qué se hace y para qué, y ofrecer experiencias de participación que tengan sentido en cada etapa vital. Porque cuando la ciudadanía encuentra espacios reales para actuar, el impacto se multiplica.

Al final, lo que sostiene a nuestro territorio no son las estructuras, sino las personas. Miles de vizcaínas, anónimas en su mayoría, que desde lo grande o lo pequeño mantienen vivo un tejido comunitario que no se improvisa. El voluntariado sigue siendo, y seguirá siendo, una de las fuerzas más sólidas para construir futuro.

Johana Etxezarraga. Coordinadora de BizkaiaGara