Voluntariado sostenible: claves para transformar el futuro desde Euskadi

El pasado 2 de septiembre en el marco de los cursos de verano UIK de la EHU en el Palacio Miramar de Donosti, se puso el foco en el voluntariado y en su potencial para transformar realidades.

Voluntariado sostenible: claves para transformar el futuro desde Euskadi

El año 2026 ha sido declarado por la Asamblea General de las Naciones Unidas como el Año Internacional de los Voluntarios para el Desarrollo Sostenible (IVY 2026). Este nombramiento busca destacar la contribución de las personas voluntarias en la promoción del desarrollo sostenible y es un reconocimiento al papel que desempeñan en la construcción de un futuro más justo y sostenible. El objetivo es impulsar el voluntariado como parte integral de las estrategias para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030.

En este contexto, y en el año en el que se ha implementado la Estrategia Vasca de Voluntariado 2025-2028, las tres agencias vascas de activación ciudadana, Batekin (Araba), BizkaiaGara (Bizkaia) y Gizalde (Gipuzkoa), y Gobierno Vasco, organizaron esta jornada que reunió a personas, entidades y redes comprometidas con la transformación social a través del voluntariado.

La presentación institucional corrió a cargo de Idoia Otaegi Aizpurua, directora académica de los cursos de verano UIK; de Maria Iriarte, Vicerrectora de Relaciones Institucionales y Cultura de la EHU, de Nerea Melgosa Vega, Consejera de bienestar, Juventud y Reto Demográfico del Gobierno vasco, de María Olarizu Ruiz de Escudero, Técnica de promoción del Tercer Sector Social y la Acción Comunitaria del Departamento de Bienestar, Juventud y Reto Demográfico y de Johana Etxezarraga, coordinadora de BizkaiaGara.

Todas ellas destacaron la necesidad de compartir conocimiento y fortalecer redes, así como el potencial que tiene el voluntariado a través del trabajo en equipo para trasformar sociedades.

¿Qué hemos aprendido del Voluntariado Europeo?

También pusieron el foco en la juventud, en la necesidad de escucharla para saber qué es lo que quieren y Melgosa hizo hincapié en la insustituibilidad de las personas voluntarias. Para terminar, Ruiz de Escudero destacó un voluntariado inclusivo e innovador.

Johana Etxezarraga dio paso a las personas ponentes de la jornada. La primera en intervenir fue Gabriella María Civico, directora del Centre for European Volunteering (CEV), poniendo el foco en Europa y dejando una reflexión: “La pregunta clave del voluntariado europeo no es cuántas personas jóvenes participan, sino qué hemos aprendido y qué ecosistema de voluntariado necesitamos para los próximos 30 años”. Civico exponía que en la actualidad existen nuevas condiciones de vida, nuevas formas de comprometerse. Las personas jóvenes tienen poca estabilidad, les da miedo irse un año y no saber si a la vuelta tendrán o no seguro médico o si podrán alquilar un piso. Y añadía que el crecimiento en participación no basta, porque sigue existiendo un potencial sin aprovechar. “Tenemos que trabajar en cómo hacer el reconocimiento y la valoración del voluntariado en todas sus formas y contextos porque las personas jóvenes prefieren decir que han hecho prácticas que voluntariado, ya que sienten que se valora más”.

Asimismo, apelaba a tener una mirada para construir relaciones, hacer comunidad y para ejercer una ciudadanía activa y reclamaba un voluntariado basado en la solidaridad y en la contribución al bien común, no en la caridad.

“El voluntariado juvenil busca desarrollar el pensamiento crítico, busca tener un impacto en el bienestar físico y mental de la juventud. En el futuro, la solidaridad de los jóvenes debería ser reconocida”, añadía.

Civico finalizaba explicando que actualmente se están valorando en Europa las ventajas y desventajas de hacer un estatuto legal del voluntariado, sobre todo para el transfronterizo. Veremos en qué desemboca todo lo que se está trabajando en la actualidad.

¡Para seducir al voluntariado hay que escuchar!

Eugenio Ibarzabal, colaborador de la Fundación Fidias, intervino después con mensajes muy contundentes.

“Hay que trabajar en la búsqueda de personas voluntarias, y esto significa planificación. ¿De dónde nos puede venir gente? Los centros educativos son fundamentales para atraer al voluntariado juvenil. Y también hay que hablar de tú a tú. Si necesitas una persona que sepa de leyes, te acercas a ella y le dices lo que necesitas. Le explicas que no la vas a bombardear, que es algo puntual, y de esa manera, es muy difícil que te diga que no”, explicaba.

La acogida también es clave. “El 99% de las personas voluntarias que tenemos en Fidias, son jóvenes y nos preguntan: “¿Ya seré capaz?” A eso tenemos que responderle que sí, que por supuesto y quitarles el miedo. Asimismo, es muy importante el sistema. Nuestras organizaciones se prestan al desorden porque hay episodios dramáticos y eso trastoca la organización. También el tener o no tener dinero… Como no haya un sistema previo, nuestras organizaciones son muy vulnerables al desorden”, desgranaba.

Ibarzabal recomendaba definir qué hacemos y qué no y tenerlo claro, para que cuando llegue una persona nueva, podamos pedirle también que respete lo que hacemos, que no trate de imponer su forma de hacer y sus criterios. Aunque no descartaba estar abiertos a sugerencias, pero de una manera más pausada y tras un tiempo en la organización.

Por último, destacaba que para reconocer a las personas es necesario escucharlas. “A nuestras personas voluntarias les tenemos que hacer preguntas: “¿Te vale con lo que te dimos, necesitas algo? Escuchamos su respuesta y para eso callamos y luego respondemos, porque para seducir hay que escuchar. De esa manera damos confianza y seguridad en las personas”.

La importancia de la cuidadanía para hacer comunidad

Tras la intervención de Ibarzabal tuvo lugar la mesa redonda “Del discurso a la acción: experiencias que dan vida al voluntariado y construyen comunidad en Euskadi.

Ainara Pérez, responsable de BATEKIN, agencia de voluntariado en Araba moderó dicha mesa en la que Manuel Merino, presidente del Consejo de Mayores de Bizkaia hacía la reflexión de que cuando una persona cumple 65 años debería preguntarse si tiene capacidad de transformación en el entorno en el que se mueve y si todavía tiene capacidad de desarrollo personal.

Roberto San Salvador, catedrático de la Universidad de Deusto, y responsable del proyecto Deusto Cities Lab, respecto a cómo construir comunidad, hablaba de ciudades sabias, que no inteligentes, porque este concepto se une demasiado a la tecnología. Y para él, si a inteligencia le sumas experiencia, el resultado es sabia. Asimismo, insistía en la importancia de tener cuidadanos, en vez de ciudadanos, y cuidad en vez de ciudad, porque los cuidados deberían estar en el centro.

Concretamente, animaba a cambiar la forma de mirar, y ponía el ejemplo de Ceuta, en el que nadie piensa que se han recibido 70.000 talentos. “Cuando llegaron estudiantes de Ucrania me sorprendí de la capacidad que tenían de aprender lenguas, cuando llegaron estudiantes e Siria también me llamó la atención cómo podían comerciar con casi cualquier cosa”.

Para San Salvador las crisis significan vida, porque cuando las personas no están en crisis quiere decir que están muertas. Y para superar este clima de desconfianza reclamaba más información y más formación, porque la desconfianza hacia instituciones, empresas o personas impide hacer comunidad. San Salvador cree que la solución para estos problemas radica en la corresponsabilidad, en una mayor alteridad, salir de nuestro yo, en más empatía y en más solidaridad.

Las administraciones tienen que ser aliadas

Olarizu Ruiz de Escudero, técnica de promoción del Tercer Sector Social y la Acción Comunitaria, respecto al papel de las instituciones, afirmaba que éstas deben de ofrecer las condiciones adecuadas para que surja el voluntariado y por ello, es necesario otra forma de trabajar por parte de las administraciones. Asimismo, animaba a superar los datos y a obtener una información cualitativa, a conocer a las entidades del Tercer Sector y ser aliadas de ellas. También añadía que es importante observar si la actual estrategia de voluntariado consigue atraer a gente joven y finalizaba afirmando que “si las organizaciones son cada vez más fuertes, podrán hacer frente a los desafíos y debemos buscar soluciones de manera colectiva a estos desafíos”.

El voluntariado influye en las políticas que mejoran la calidad de vida de la gente

A lo que Manuel Merino, añadió que el voluntariado transforma la vida de las personas e influye en las políticas que mejoran la calidad de vida de las personas, de hecho, “esa es la razón por la que presido el Consejo de las Personas Mayores”, apuntaba.

Tras el café, llegó el turno de Alfons Cornellá, director del Institute of Next. Su ponencia se titulaba “Amplificando solidaridades con el voluntariado: diversidad y participación a lo largo de la vida”.

En su intervención explicó el informe de tendencias globales de voluntariado que realizó para BBK, y destacaba que el voluntariado hoy en día puede ser una escuela de líderes.

Respecto a las razones por las que las personas se hacen voluntarias, Cornellà destacaba que el 35% lo realiza para socializar y que la salud mental atrae mucho a las personas jóvenes.

Asimismo, animaba a las organizaciones a trabajar en colaboración, sobre todo si se dedican a áreas similares, con el objetivo de sacar mejor partido de los recursos de los que se dispone.

Una perspectiva feminista contribuye a crear espacios seguros

La mesa redonda “Construyendo comunidad desde el voluntariado: relatos de diversidad y participación” tuvo lugar tras la intervención de Alfons Cornelllà.

Miren Gurrutxaga de Gizalde, agencia del voluntariado en Gipuzkoa moderó dicha mesa en la que Olatz Miranda, responsable de Atzegi reclamaba que las personas con discapacidad intelectual también quieren ser voluntarias, no sólo ser acompañadas por personas voluntarias.

Gurrutxaga preguntó también a Amets Martínez de Heredia, de Ikusgune, qué necesitarían para crear una organización donde las personas voluntarias las vieran como un espacio seguro. Martínez respondió que lo primero sería tener una perspectiva feminista. También destacó que es muy importante interseccionar, “hacer tuyas las peleas de otras personas, porque así se genera comunidad y espacios seguros”.

Vinca Sanz, técnica de CEAR, confirmaba la necesidad de generar comunidad, espacios de ayuda y de apoyo. En el caso de CEAR, Sanz relataba que han puesto en marcha proyectos autogestionados por personas que han pasado por CEAR o que todavía están y tratan de que sean autónomos, y de que se apoyen las unas a las otras.

Y finalizaba diciendo que son las entidades las responsables de cuidar al voluntariado, de crear espacios para que puedan opinar, diseñar con un objetivo común, en su caso, defender los derechos humanos. Y respecto a las personas jóvenes, destacaba que serán ellas quienes definan lo que quieren hacer en un futuro.

Olvidemos los números, centrémonos en generar una narrativa

Por la tarde, se llevaron a cabo dos mesas redondas moderadas por Johana Etxezarraga, coordinadora de BizkaiaGara: “Voluntariado con Impacto: Evaluación, ODS y Teoría del Cambio para un Futuro Sostenible” e “Impacto que cuenta: buenas prácticas en la evaluación del impacto social y económico del voluntariado”.

Estibaliz Sáez de Cámara, directora de Sostenibilidad, Compromiso Social de la EHU y presidente de la Red Española para el Desarrollo Sostenible, incidía en la primera de las mesas, que las organizaciones tienen mucho potencial para trasladar los ODS a la ciudadanía. De hecho, son quienes trasladan a la actividad cotidiana estos objetivos. El tener una escuela pública, poder llegar a ella andando, tener un parque al que salir, son algunos de los fines de los ODS. Asimismo, animaba como otros ponentes, a superar los números. “El impacto no es el número de personas que han acudido a una actividad, sino cómo o en qué ha transformado a las personas que han venido”.

Mariel Gandara, investigadora y docente de Sostenibilidad y Negocios Circulares de la facultad de Empresa, Mondragon Unibertsitatea explicaba que desde la universidad pueden hacer guías, pero que el verdadero reto es evaluar el aprendizaje y servicio. En muchas ocasiones no se puede valorar esto, porque las personas estudiantes se van y ya no sabes el impacto que ha tenido en ellas, pero sí veía una luz a la hora de desarrollar en los centros académicos indicadores cualitativos, incluso sugería que los pudieran desarrollarlos el propio alumnado.

Fernando Richter, responsable de voluntariado, plan de acción y gestión avanzada de Cruz Roja País Vasco, invitaba a reflexionar sobre la importancia de pasar de la labor de gestión de desarrollo de voluntariado a la planificación del voluntariado. Asimismo, trasladaba que en Cruz Roja están en un momento de observar “qué estamos consiguiendo con nuestra labor, cual es el verdadero impacto”.

Analicemos qué hacemos bien y qué no y sistematicemos

Ana Vilma, consultora de Inbiiku, a este respecto hacía una pregunta, “¿Para qué vamos a medir?”, con la que Eduardo Escobés, de EDE Fundazioa coincidía. Y remarcaba el siguiente mensaje: “no me des indicadores, verifica que esa organización en su cabeza no cuenta datos, sino que relata aquello que quiere que ocurra o lo que quiere construir, si no es así, trabaja con el equipo y pregúntales si serían capaces de contar a la gente lo que hace”. Eva García, directora de Urbegi Social Impact, coincidía en que es importante generar una narrativa poniendo en común.

Vilma para terminar daba algunas claves para medir el impacto, como poner un máximo de 10 indicadores, solo los que ayuden a gestionar el cambio y también animaba a realizar planes de acompañamiento que se sigan, “porque si cuando los revisamos al cabo de 10 años vemos que no son útiles, los cambiamos. Es importante sistematizar los avances para saber si una persona avanza o retrocede, si lo hemos hecho bien o mal”, explicaba.

La jornada finalizó con la intervención de Itziar de la Peña, directora del departamento de Departamento de Bienestar, Juventud y Reto Demográfico, recogiendo algunas claves de las aportaciones de las personas ponentes y poniendo el valor el voluntariado y la escucha.