Cuando una persona joven se activa a través de la universidad, deja de ser espectadora para convertirse en arquitecta de una sociedad más inclusiva.
La universidad pública: brújula y motor de la transformación social joven
Felipe García Esteban, técnico de compromiso social de la EHU
Como parte de la comunidad universitaria, a menudo me pregunto qué significa realmente "formar" a las nuevas generaciones en el siglo XXI. Tengo la certeza de que nuestra misión en la Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea (EHU) trasciende la mera transferencia de conocimientos técnicos o la expedición de títulos. Nuestra verdadera responsabilidad es cultivar una conciencia crítica que impulse a las personas jóvenes a ser protagonistas del cambio, tanto en Bizkaia como en el mundo.
Desde mi ámbito, trabajo para transformar las aulas en espacios de reflexión sobre la participación social y la solidaridad. No entiendo la educación superior como una burbuja aislada de la realidad, sino como un puente. Para mí, la universidad pública debe ser el motor que conecte la energía y el talento de la juventud con las necesidades de nuestra sociedad, generando un ecosistema más justo, solidario y participativo.
Esta visión se materializa a través de la estrategia EHUiraunkortasuna, donde la universidad no solo enseña sobre sostenibilidad, sino que la practica. Programas como Campus Bizia Lab involucran directamente a estudiantes y docentes en proyectos de investigación-acción para hacer de nuestros campus espacios más sostenibles. Es un ejemplo claro de cómo activamos el territorio, convirtiendo el conocimiento académico en soluciones tangibles para los retos socio-ambientales de nuestro entorno.
En paralelo a esta sostenibilidad ambiental, la iniciativa Unibertsitate Solidarioa constituye el corazón de nuestra acción voluntaria. Aquí no nos limitamos a la sensibilización; promovemos la participación activa en programas de acompañamiento, apoyo socioeducativo y cooperación al desarrollo. Al facilitar que el alumnado se involucre en estas realidades, impulsamos una formación integral donde la solidaridad se convierte en una vivencia cotidiana. Parto de la convicción de que estas experiencias dotan al colectivo joven de una capacidad transformadora que nace del pensamiento crítico. Para mí, este no es solo una competencia académica, sino una herramienta de emancipación social. En nuestras aulas, buscamos que el alumnado cuestione las estructuras establecidas y analice las causas de las desigualdades, buscando soluciones creativas y éticas desde su propia disciplina. Queremos jóvenes que no solo se pregunten "cómo" funcionan las cosas, sino "para qué" y "en beneficio de quién", convirtiendo ese análisis en el motor de su participación ciudadana.
¿Y cómo logramos aterrizar esta teoría? Activamos Bizkaia fomentando que el alumnado no solo estudie la realidad, sino que la habite. Promovemos el voluntariado como una herramienta de aprendizaje vital que permite desarrollar empatía y compromiso ético. Al colaborar con entidades sociales y proyectos comunitarios, los y las estudiantes descubren que su conocimiento tiene el poder real de mejorar la vida de sus vecinos y vecinas.
Reivindico hoy la mirada fresca de nuestra juventud; no son solo el futuro, sino el presente más vibrante que tenemos. Cuando una persona joven se activa a través de la universidad, deja de ser espectadora para convertirse en arquitecta de una sociedad más inclusiva. Mi compromiso es seguir impulsando una universidad abierta, donde cada estudiante encuentre la motivación para dar el paso hacia la acción. Porque una sociedad que escucha y empodera a su juventud es, sin duda, una sociedad con futuro.