El voluntariado también es incidencia política

Mi experiencia como voluntaria empieza en ese intento de cambiar el sistema capacitista en el que vivimos, demostrando que no valgo solo para que me cuiden.

Boluntariotzak eragin politikoa ere badu

Marian Andrés Acha (Cenicienta Kamicaze), emprendedora social cofundadora y brand ambassador de Gaman diversidad e inclusión.

Para mí, el voluntariado es activismo político, un acto de resistencia. Comencé a los 18 años en temas de género, lo que me ayudó a empoderarme como mujer. Mi gran salto fue en el movimiento feminista de Portugalete, donde reivindico un feminismo diverso y soy referente para otras. También creo en la presencia cultural y en los derechos humanos, ocupando espacio escénico para mostrar mi cuerpo como territorio de resistencia y capacidad. El voluntariado me permite romper moldes y desafiar estereotipos.

Cuando me preguntan “¿con qué entidad colaboras?”, siempre siento que detrás hay una expectativa de pertenencia, como si la legitimidad solo llegara a través de un sello o una organización concreta. Pero mi experiencia, como persona con diversidad funcional, me ha enseñado que la transformación real nace en los lugares que se atreven a escuchar. En esos espacios donde no se da por hecho que puedo acceder a un baño —porque, sencillamente, no puedo— o donde se cuestiona por qué aún no puedo participar plenamente en la comunidad cultural, como si mi presencia no formara parte del derecho a decidir de cualquier ciudadana. Para mí, el activismo empieza ahí: en la grieta entre lo que debería ser normal y lo que todavía es una barrera cotidiana. Y desde ese lugar me muevo. No para representar a nadie, sino para recordarle al entorno que todos formamos parte de la conversación sobre derechos, dignidad y futuro.

Creo firmemente que el voluntariado es un vehículo de participación ciudadana y social para todas las personas también para quienes hemos sido habitualmente invisibilizadas.

Colaboro, sí, pero colaboro desde la libertad: voy donde me necesitan y donde yo también necesito estar. Porque mi activismo, como mi vida, es un camino que busca abrir puertas, no cerrarlas.

Mis tareas como voluntaria son variables: dependen de las personas y de lo que necesiten. A veces hago pódcast, charlas o teatro, lo que sea para que personas como yo tengamos voz. Desde mi diversidad funcional, transformo cada espacio en una oportunidad para abrir camino y reclamar derechos.

Para concluir, el voluntariado me permite transformar límites en puentes, encuentro escucha, pertenencia y la fuerza colectiva para reclamar derechos y demostrar que todas las voces merecen espacio.