Con mi peto verde ayudando a los verdaderos héroes
¡Hola a todos! Lo primero, gracias por dedicar un poco de vuestro tiempo a la lectura de este testimonio, no dudéis que valdrá la pena. Esa chica de la foto soy yo, Ane, una chica de 22 años que, desde bien pequeña, ha querido aportar su pequeño granito de arena a la sociedad. Y sí, digo pequeño porque aquí los verdaderos protagonistas son todos esos niños con cáncer que luchan día a día para hacer frente a ese monstruo que tanto nos asusta.
Por si todavía no lo habías leído en el peto de la foto, efectivamente, formo parte del voluntariado de la asociación de Aspanovas. Lo bonito de este proyecto es que fue creado desde dentro. Es decir, fueron las propias familias afectadas quienes se juntaron para mejorar la calidad de vida de estos niños y adolescentes con cáncer y lograr una sensibilización social. Cuando un niño o una niña recibe un diagnóstico de cáncer, todo cambia en un instante. La vida se llena de hospital, de pruebas, de tratamientos, de miedo… desde el primer día el mundo se vuelve pequeño. Esta enfermedad no solo afecta al cuerpo, sino que también toca la rutina, el colegio, la alegría, los planes y millones de aspectos de los propios luchadores y su entorno.
Por eso, desde Aspanovas, se organizan eventos solidarios con distintas entidades y patrocinadores para ayudar a todas las familias a sentir el cariño, la escucha y ese color verde esperanza que caracteriza a la asociación. Mi aportación en esta maravillosa experiencia como voluntaria es muy sencilla, tratar de recaudar dinero a través de la venta de productos solidarios en estos eventos que he comentado. Es una suerte poder ver la implicación de toda la gente que hay detrás. Personas que deciden dedicar un ratito de sus días y sacan su mejor sonrisa para colaborar con una causa tan especial.
Si tuviera que destacar algo del voluntariado sería la oportunidad de conocer a gente que se mueve con un mismo fin de manera totalmente altruista. Es reconfortante saber que hay muchísimos petos escondidos por ahí, porque detrás de cada compra o de cada colaboración hay personas que, sin ser oficialmente voluntarios, terminan siéndolo. Por su amabilidad, sus aportaciones, su curiosidad o su simple sonrisa, la que nos recuerda por qué estamos ahí detrás de esa mesa llena de productos solidarios.
Espero poder encontrarme con muchos más petos verdes para que la vida de estos superhéroes siga siendo vida. Ojalá, un día de estos nos crucemos y descubra que tras esta lectura te has animado también a ser un peto verde.