Izar
Poder dedicar parte de mi tiempo libre a actividades comunitarias y de voluntariado es un privilegio
Erasmus Bilbao, Cruz Roja Bizkaia
Poder dedicar parte de mi tiempo libre a actividades comunitarias y de voluntariado es un privilegio
Erasmus Bilbao, Cruz Roja Bizkaia
Soy Izar tengo 20 años y he colaborado y colaboro como voluntaria en diferentes organizaciones de Bilbao.
Una de ellas es ESN Bilbao | ERASMUS BILBAO, en donde realizo labores en el Departamento de Comunicación promocionando actividades, gestionando campañas,… También participo en el programa “Pausoka” de Cruz Roja haciendo acompañamientos puntuales al médico o ayudando a la realización de trámites legales a las personas usuarias. Además, en verano suelo hacer otros voluntariados de corta duración relacionados con el ámbito de la arqueología o el mantenimiento del patrimonio.
Cuando hago repaso de las experiencias vividas lo que más destacaría es la posibilidad de adentrarme en espacios y realidades diferentes a la mía. Conocer otros ámbitos y a otras personas.
Muchas veces cuando te preguntan “Y tú, ¿qué haces? ¿Estudias? ¿Trabajas?”, siempre respondo orgullosa “estudio y realizo voluntariado”. Poder dedicar parte de mi tiempo libre a actividades comunitarias y de voluntariado, es un privilegio. Me aportan vitalidad, herramientas, conexiones y oportunidades. Por mucho que se hable de “dar tu tiempo” y “ser solidaria", la acción de voluntariado también va de lo que recibes, de lo que ganas como persona. El voluntariado humaniza. Mi interés por el voluntariado despertó tras ver un cartel en mi bachillerato. Mi primera experiencia fue en un voluntariado que consistía en colaborar en dos excavaciones arqueológicas. Esta primera experiencia me permitió acercarme a un ámbito al cual de otra manera no habría podido acceder. Pero, más importante aún, me enseñó que yo también tenía la capacidad de socializar, de pertenecer y de que otras pusieran su confianza en mí para intimar compartiendo vivencias y sentimientos.
Estas sensaciones me animaron a realizar otro voluntariado el verano siguiente. Esta vez en Melilla, donde colaboré en el mantenimiento de un fuerte musealizado. Ese mismo verano realicé un segundo voluntariado, esta vez en Serbia. Las experiencias vividas durante ese verano me sirvieron como un proceso de aprendizaje que me generó un deseo de ser más independiente.
Con mucho recorrido todavía por delante e impulsada por lo vivido, recupero una vez más la idea de que poder realizar voluntariado, antes que nada, es un privilegio. Una oportunidad para: aprender, sentir, empatizar, saber dar y recibir, y lo más importante, compartir y crear comunidad. Avanzar como sociedad.